La alfombra dorada

Me habían dicho que en sus casas tenían la cosecha, que felices, miraban el producto de la siembra de temporal; todas esas mazorcas brotaban sólo con el agua que las nubes esparcen por la tierra. Pasé, miré asombrado la gran alfombra de maíz que se hallaba dentro de la casa, un adorno dorado reposaba sobre el suelo de la sala. Emocionado, don Eliodoro me mostró las mazorcas más grandes, las sostenía con sus fuertes y morenas manos, me dijo que estaban bellísimas, las coloqué una tras otra para fotografiarlas; estuve un rato dentro de la sala mirando todos los muebles inundados del milenario alimento. Después, don Eliodoro me invitó a beber algo con él en el jardín de su gran casa en el cual, se hallaba una piedra tallada, era prehispánica y me aseguró que se trataba de una mazorca. Miré al cielo, el día estaba soleado y las nubes eran como espuma sobre el mar.

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