28 Sep 2020

Sopor.

Mi niñez  transcurrió cerca del océano, caminaba por las tardes buscando conchas, caracolas, medusas perecidas. Luego mi madre y yo nos trasladamos a la gran Ciudad de México; cuando se podía regresábamos al mar, en vacaciones retornaba a mis viejos paseos por la playa. Más arriesgado y con ímpetus adolescentes, gustaba de buscar enormes olas, de montarlas, recorrerlas con mi tabla, una especie de surfista inexperto moraba en mí. Una tarde me adentré a las olas del océano Pacífico,  era todo lo contrario a la paz, las olas medían dos o tres metros de alto; la corriente me jalaba discreta, con poderío malicioso, la ira marina me revolcó en seguidas ocasiones, tragaba agua con arena, no pisaba, mis piernas pataleaban desesperadas, la orilla quedaba ya a unos 400 metros que, nadando se hacían kilómetros. La fuerza del mar me arrancó la tabla de surf, me quedé solo, flotando detrás de inmensas paredes de agua; el sopor se presentó con anómala invitación, influía sobre mis párpados, los volvía de plomo, ofrecía el cese al pataleo, ofrecía la renuncia vital. Miré lento a mi derecha, afloraba un desierto de olas eternas, una tras otra escondían una lejana costa. La corriente me empujó de nuevo a tierra, como si aún no tuviera que regresar a ese origen prehistórico, revolcado decenas de veces más fui aventado a la playa, me derrumbé cansado sobre la arena, dormí. La luz, esculpiendo la realidad sobre mi cámara escupe este paisaje, ahí en medio del agua, solo, agotado a punto de respirar agua con sal.

 

Sopor

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Su obra fotográfica ha sido expuesta en diferentes espacios en los que destacan: El Corredor Cultural del Anglo Mexican Foundation,, la Brigada Alternativa de Oriente, las Casas de Cultura Azcapotzalco y Griselda Álvarez, en el Distrito Federal, el Corredor artístico José Luis Cuevas.

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5 comentario en “Sopor.

    1. Sí, al año siguiente regresé, no puedo decir que se creó un trauma en mí, pero ahora soy mucho más cuidadoso al meterme al mar. Ese paisaje era justo lo que vi aquel día.

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