Teotihuacan

Teotihuacan, Edo. de México.
Teotihuacan, el Palacio de las Mariposas

 

La leyenda del Quinto Sol

“Habrá que sacrificarse, que arrojarse a la hoguera –dicen- sólo así habrá sol” ¿Quién ha de sacrificarse? -se preguntan-, y en largo tiempo nadie se atreve. Se ofrece Nanahuatzin, “Dios Buboso”, el enfermo, el lleno de pústulas, y no lo hace por ambición de brillar sino por su capacidad de sacrificio. Entonces se ofrece también Tecciztecatl, “Señor de los caracoles” el soberbio, ávido de resplandor. Juntos avivan el fuego en la peña que hoy se llama Teutexcalli y por cuatro días hacen penitencia y ofrendan. Nanahuatzin, humilde, ofrece cañas verdes atadas de tres en tres hasta formar nueve hatos, bolas de heno, espinas de maguey teñidas con su sangre, ofrece sus pústulas; Tecciztecatl ofrenda manquetzalli (plumas ricas), pelotas de oro, espinas de coral y copal muy bueno. Finalmente se viste con sus mejores aderezos, hermoso lienzo cubre su cuerpo y el aztacomitl, bello plumaje decora su cabeza; Nanahuatzin en cambio se pone un amatzontli, tocado de papel, y del mismo material lleva su maxtli (braga) y su estola. De pie frente al fuego y las hileras de dioses expectativos, están dispuestos al sacrificio. Tecciztecatl lo intenta pero se arrepiente, acomete cuatro veces pero el miedo lo retrae. Nanahuatzin decidido se arroja al centro de la lumbre. Su impacto es llamarada. Envidioso, Tecciztecatl se anima y se avienta también pero sólo cae a un costado del fuego, sobre las cenizas. Lentamente se consumen y larga es la espera de los dioses hasta que el cielo se enrojece, pletórico de alba. Por el oriente aparece la esfera del sol, incandescente en su redondez, vitalizadora y luego la luna que hiere con su blancor. Ambos tienen al mismo grado de intensidad; “¿Estará bien que los dos anden a la par?” -Se preguntan los dioses- ¿Será correcto que brillen de igual manera?”. Y uno de ellos le avienta un conejo a Tecciztecatl oscureciéndole la cara. Ahí están pero no avanzan, su estatismo niega la vida y esto mucho preocupa a los dioses. Es necesario que se sacrifiquen todos para crear el movimiento. El viento, Ehecatl asume la tarea de darles muerte y uno a uno los va matando. Xólotl, perro monstruoso gemelo o altar ego de Quetzalcóatl se niega a morir y huye, se esconde entre los maizales y se convierte en pie de maíz que tiene dos cañas; acosado de nuevo huye entre el agaval y se muda en maguey de dos cuerpos y por eso se le llama mexolotl y ha de ser dios de los gemelos, de los bicéfalos y de todo lo que se duplica; es descubierto y de nuevo se fuga, se mete al agua y se transforma en pez monstruoso, axolotl y ahí lo atrapa y le da muerte. Es el ultimo en morir, pero de nada sirve el holocausto de los dioses, Sol y luna permanecen estáticos. El viento zumba, ventea reclamante y pone al sol en movimiento, que avanza, se desplaza con rítmica luz, cruza su camino y se guarda en su casa. Sopla de nuevo el viento y la luna comienza su andar. De esta manera se sucede el uno al otro y así salen en diversos tiempos, el sol en su camino diurno y la luna en la noche alumbran en ella.

León Portilla

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